Por Vilma Márquez. Todos los Derechos Reservado.
Cuando la justicia del golf se quiebra.
Por Vilma Márquez. Todos los Derechos Reservados
Hay cosas que una acepta con serenidad: el viento en contra, un green traicionero, un bogey que se escapa por un suspiro. Pero hay otras que no se toleran, porque mancillan la esencia misma del golf. Y hoy, lo digo sin rodeos: es indignante ver a un jugador profesional compitiendo en un torneo amateur como si nada.
No es una rabieta. Es defensa del orden, del respeto y de la historia de este deporte que tanto amamos.
Un límite claro que no se cruza
El golf tiene fronteras muy bien definidas:profesional es profesional; amateur es amateur.
No hay punto medio, no hay zona gris, no hay “que más da”.
Un profesional vive del golf, recibe premios, enseña, compite por dinero, tiene años de circuito.
Un amateur, en cambio, juega porque ama el juego, porque vive su pasión sin cobrar un centavo.
Permitir que un profesional entre a un torneo amateur es como meter a un león en un corral de ovejas. El poder no está equilibrado.
La competencia deja de ser justa, honesta, humana.
El daño invisible… pero real
Cuando un profesional se cuela en un torneo amateur, lo que se rompe no es el marcador:
se rompe la confianza,
se rompe la tradición,
se rompe el alma del deporte.
Las jugadoras y jugadores amateurs entrenan, se preparan, respetan reglas, pagan sus cuotas, suplen sus nervios con disciplina.
Y de pronto, aparece un profesional: alguien que vive en otro nivel de exigencia, con otra presión, con otra estructura mental, física y técnica.
¿Puede un amateur competir contra eso?
No. Y todos lo sabemos.
El proceso existe por una razón
Si un profesional quiere volver a competir como amateur, el camino está trazado desde hace décadas:
renunciar al estatus profesional y
esperar entre uno y dos años para ser reinstalado como amateur.
Ese tiempo no es un “castigo”.
Es un acto de respeto hacia quienes compiten sin cobrar.
Es una forma de equilibrar el terreno.
Es proteger el honor del amateurismo.
Saltarse ese proceso es una falta grave.
Permitírselo es aún peor.
La tradición se defiende, aunque a algunos les moleste
Lo digo con la voz de todos los que amamos este deporte con autenticidad:
el golf no se negocia, se honra.
No es moda, no es tendencia, no es un capricho de reglamento.
Es tradición, es integridad, es carácter.
Si dejamos pasar esto hoy, mañana cualquiera hará lo que quiera.
¿Y entonces qué?
¿Para qué tanto reglamento?
¿Para qué tanto discurso sobre ética y fair play?
Mi postura, sin rodeos
Estoy indignada.
Y con toda razón.
Porque lo justo es justo, y lo torcido se endereza, aunque algunos quieran mirar hacia otro lado.
Un profesional no tiene lugar en un torneo amateur.
Punto.
Y si alguien lo permitió, entonces alguien falló.
No contra mí, no contra los demás jugadores amateurs
Sino contra el golf mismo.
Damas del Golf Internacional® 2025

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